Valencia, 19 de Mayo del 2012
 
 
 

Artículos de Opinión

 
 


De Azules y de Brumas (Notas y Relatos del Cronista)
El Carabobeño y sus 76 años


Artículo publicado en la página A-4 del Diario El Carabobeño de Fecha: 07/09/09

Se recuerda a su fundador, el Sr. Eladio Alemán Sucre, que se trasladaba siempre en un clásica bicicleta. Al principio, el periódico tenía un formato pequeño, que pronto fue creciendo hasta llegar a su tamaño actual. En los primeros tiempos, la parte informativa era bastante escasa y el periódico estaba sometido a la censura de aquella época.

Eran tiempos del famoso equipo Vencedor de Valencia, y las noticias predominantes eran las locales y las deportivas. Desde luego, llegaban noticias desde el exterior, pero eran “de segunda mano”. Los cines eran el Mundial, el Candelaria y otros menores, y durante cierto tiempo el Teatro Imperio.

El Teatro Municipal presentaba de vez en cuando espectáculos bajo la dirección de Pedro Rojas. Desde luego, las noticias sociales eran siempre importantes y gozaban de lectores abundantes. Se copiaban noticias internacionales y eran muy pocas las noticias originales.

Por los años 40 entré por primera vez a “El Carabobeño”. Quedaba en la Av. Urdaneta, una media cuadra aproximadamente al sur de la Catedral. Estaba relacionado con una firma comercial que se llamaba “París en América”.

Se entraba por una puerta estrecha en el lado oriental de la Av. Urdaneta, allí mismo comenzaba una escalera de cemento bastante alta. Al final de la escalera, uno cruzaba a la izquierda, donde se encontraba con un salón relativamente estrecho en el cual se podía hablar con la gente del diario y periodistas.

Allí siempre se conseguía al señor Antenor López, el cual era una persona encargada de múltiples funciones relativas a la redacción del periódico. La entrada era prácticamente libre; por ahí se veía llegar a los columnistas y periodistas de aquella época.

Laboraban en el diario personas hoy desaparecidas: recuerdo a Lossada Rondón, alto y sonriente; también a “Chepino” Gerbasi, quien era un periodista clave en el diario. También a “Cuto” Lamache, quien, si mal no recuerdo, pasó después a Caracas. Entre los más gratos recuerdos está el de mi gran amigo Raúl Cálcamo (quien era, además de articulista, un excelente corrector de pruebas). Raúl era un gran escritor, con magnífica ortografía.

Yo comencé a escribir llevado de la mano por ese excelente columnista y amigo durante muchos años, don Federico Monsalve Jaén. Creo que de mi iniciación en el periódico, hace 22 años, una de mis primeras crónicas se refiere al duelo por la muerte del gran médico Miguel González Acevedo y de la esposa del Ing. Buysse. El artículo se llamaba “Un día, dos tristezas”. Cuando tuve el honor de ser nombrado

Cronista del Municipio Valencia comenzó mi columna a aparecer los lunes, y así se ha mantenido durante los 19 años que tengo en esta actividad. Lleva el nombre “De Azules y de Brumas” en honor a Manuel Alcázar, gran poeta valenciano, humilde, quien entre sus poemas tiene el que comienza con gran sensibilidad: “Valencia mi cuna, mi tierra querida...”. Publicó sólo un libro (Lampos y Brumas).

Así veía el mundo, tétrico, lleno de relámpagos (lampos) y brumas. De allí nació el título “De Azules y de Brumas” para mi columna, reemplazando los tempestuosos lampos (relámpagos) por un cielo azul lleno de esperanza.

Cuánta historia tendríamos que contar en este largo y esplendoroso camino por el cual ha transitado durante estos años nuestro diario carabobeño. Qué orgullo, como valenciano, el haber compartido tantas anécdotas, vivencias y cultura que, por razones de espacio, no puedo hoy compartir.

Saludaré muy cordialmente a todo el capital humano de trabajadores que diariamente hacen el gran esfuerzo para que El Carabobeño siga marcando la pauta con su alta calidad. A la junta directiva, deseándole el mayor de los éxitos en los tiempos venideros. A don Alfredo Fermín y para Dhameliz Díaz, mi eterno agradecimiento por su gran apoyo.

Felicitaciones por el excelente trabajo en la Edición Aniversaria!