Valencia, 7 de Febrero del 2012
 
 
 

 

 
 
VALENCIA, LA DE VENEZUELA

JOSE  RAFAEL  POCATERRA

 

 

               
                IMPRECACION DE AYER

                                I

TODAVIA te irgues
Vieja de cuatrocientos años,
Vieja villa aleonina:
Todavia te yergues
Con ímpetus extraños,
Asentado el talón en la Colina
Entre  la colcha-a-chazos
De tu cielo de añil:
Los labio resecos, ácidos,
La mirada un poco senil…

            Y bajo el manto de tus lutos
Penden tus pechos flácidos
Donde el hocico de los brutos
Agotó tu leche civil.

 

            INCORPORAS
Tu osatura  de mamposterias,
Que pasaron las horas
Y pasaron los días
Y aún sueñas  con tus caudeamores,
Tus jabilos y tus marías.
           
            Y enterraste sin flores
Todos  tus alegrías!
Tus pascuas linajudas,
Linajuas y campesinas;
Eran esperanzas tus dudas
Y tus riquezas ¡ cuán mezquinas!

            Furon las llubias tropicales;
Luego sequía, luego fango…
¡aquel  hambre de ste pueblo mío,
engendro de infinitos males:
ese hambre de rabia y de frio,
que cuando iracundo, el Cabriales,
asume su rango.
Y barre las vegas  fecundas;
Ese amore de este pueblo mío
Iba a devorar cuanto mango,
Piadoso, le  arrojaba  el río!
Todo lo secas o inundas,
 Y esperas … y estás esperando…
¡ si te dieron lo que no importa
y te robaban lo que ibas dando!
La tijera que te recorta
A su libérrimo albedrío
No tuvo límite ¡hasta cuándo,
Hasta cuándo cortó, Dios mío!

                        III

Y te levantas más viril,
Vieja villas procera,
Civil y altanera,
Altanera y civil;
Terca entre el Morro de tu resistencia
Y tu Bárbula de esmeril;
Y todavía eres Valencia,
Menospreciada pero entera,
Una noción de la conciencia:
Que resistió  a la momtonera
De las flechas y del guayuco
A la misma gloria guerrera,
Y a la peinilla y al trabuco,
¡al tirano fuese quien fuese!
Más central que tu camoruco
Más andino que la Mulera.

            Nacer es convivir ¿dónde eses arte
De que de allá o de acá somos mejores?
Se nace bandolero en cualquier parte…
Ese mismo tesón que a unos fascina,
Ese empeño cerril de hallar razones
A la mano  malsina,
Al galope veloz de los ladrones,
Y a la feroz inquina,
Es un tejido de contradicciones.

            Y pasan los halcones

Y silban las serpientes

--el abyecto reptor que nadie nombra—
anilladas de cóleras prudentes
y clavando ponzoñas en la sombra.
Adelante, ¡adelante! los abriles
Suelen romper tras la cosecha  malas,
 Cada hora es el pasado ¡y son ya miles!
Las distancias se miden con las alas
Y no con la espiral de los reptiles.

                        IV

EMPEDRASTE         con mármol tus calles
Y encendias primero que otros
Las luces moderanas…
Cafetales inmensos tus valles;
Tus frutos, tus bestias;  ¡cosechas eterna!
Que lo nuestro era nuestro, y nosotros
No emigramos gregarios y magros,
A robarle al vecino sus potros,
Sus vacas, sus siembras, sus agros;
Ni negamos el mérito ajeno
Ni adulamos “Prestigios” de paso
Ni temíamos s esbirros bajáes
¡fascinados sí fuimos, acaso,
pero ese hombre se llamaba Páez!
Y jamás nos fuimos huyendo en la breña
Tras de comer carne robada en los llanos;
Del  árbol caído nunca hicimos leña:
Porque cuando pobres, porque cuando ancianos
Esos “intrigantes”, que tanto se empeñan
En tiznar la envidia de los infrahumanos,
Volvían de los pasos donde el alma sueña:
A este fogón parvo de los valencianos,
Esos “intrigantes” se llamaban  Peña.
Que los tiempos vienen y los tiempos van…
En un barrio  de gente ordinaria,
Entre viejas casas que aún allí están,
Nació el que  encendiera la chispa primaria
En el niño genio: Miquel  José Sanz.

 

            Vetusta villa mía,
“villa mediana de medianos medios”
como ya tu pragmática decía.
Dolor silencio, tedios…
Villa de la agonía
 en los largos asedios.
Villa con sed y hambre de justicia,
Tierra desventurada,
Y más amada cuanto más sufrida
Y más sufrida cuanto más amada:
Jamás sobre su frente la caricia
Que enoblece la vida:
Promesas… intenciones… ¡luego: nada!

            LA LEYENDA MARCIAL
                        V

Esa  madrugada
De marzo, la hueste se empuja en la troche
Y baja  por una quebrada;
Orillan un agua  saltan peces
Y sigeun por toda la orilla…
--azogue que tiembla sobre los arneses
la luna en derroche
de plata, retoca la hebilla
y el caso y el puño de daga y la partesana,
La noche
Huye acorralada frente a la mañana.
Se dobla el cansancio guerrero en la silla
¡cómo pesan las cotas, los yelmos! Y los  arcabuces

que agarrotan la mano al sereno…
Vienen ciento cincuenta andaluces
Con Díaz  Moreno
     El buen don Alonso,  como el otro, requiere su  adarga
Mira  hacia el naciente… un agua espejea.
Al fin amanece,  ¡que noche tan larga!
Y como asltado por alguna idea,
Por reminiscencia distante y amarga
--lejos las  Españas, lejos Dulcinea—
esa agua recuerdale  otra; ¡La  Albufera!
Si es el mismo valle, pero sin sus granjas,
Los mismos colores viste la palmera
Bajo el mismo cielo, pero sin naranjas!
La tierra bendita, huerta valenciana del viejo
                                                           (adalid
de tizona al temple de tan buena ley
¡si aquella se llama Valencia del Cid
esta ha de llamarse Valencia del Rey!

    El leal fidonalgo sabe en toledano,
como Alfonso el VI le pagò a Rodrigo,
y hombre precavido, ya buen valenciano,
¡no iba a echarse otro rey como enemigo!
Acaso un acierto sagaz y profundo
del propio ignorado destino,
a esa chicuelilla que en el nuevo mundo
bautizarla debe, le buscò un padrino:
Felipe II.

    En la Pila te ruvo un Soberano
De porte grave, tétrico el semblante
que coló en sus pinceles el Ticiano.
Las pupilas de garo, el inquietante
Austria, que sostenía en la una mano
con el Rosario su puñal de plata
y encendida la hoguera entre dos cruces,
reza en latín y en castellano, mata.

¡Más, centenar y medio de andaluces
con la cara radiante
–sin pañales de olán y sin afeite-
se levantaron, villa del Levante!

Y bajo el Pendón Real

Castilla dio el Aceite
y Sevilla, la Sal.

 

LA CRONICA
VI

LLEGARON hombres
çque cultivaron trigo, añil, tabaco…
hicieron casas y pusieron nombres;
labraron tierras con el rocín flaco
de las viejas conquistas… Vida exigua:
muy escaso el poblado. Al indio tacarigua
lo tuvieron a raya, al otro lado
de un río que corría del noreste
y entraba a un lago por estrechas abras
_cobalto, índigo oscuro, azul celeste-
quebrando en caño Queipa sus cristales;
y como por allí pastaban cabras,
al río aquel lo nominó Cabriales
el genio musical de las palabras.

VII

EL INDIO se fue en el misterio;
extinguiéndose en el bosque o la playa;
por un tiempo habitó el Guacamaya,
y sus cuevas cual bocas sin dientes
bostezaban frente a la laguna,
cuando en menguantes o crecientes se enfermaba la luna

     El indio se fue;
entre rojas tinajas de arcilla,
como rito marcial de su fe,
por toda la orilla
enterró sus gerreros de pie

     Allí están: centinelas
que se durmieron sin relevo;
con collares de muelas,
con su maíz, sus arcos, sus chinchorros
 tejidos de cabuya;
más allá de los Morros,
en tierra de sus padres que no es suya;
a la sombra de ceibos y barrancos,
en la misma hondonada
por donde una brumosa madrugada
asomaron los blancos
con una cruz, un libro y una espada

VIII

 

ERAN ya los duros días coloniales

desde que la hueste rompió por la senda.
En sus madrigueras,
tras una contienda
de liebre y chacales,
por tribus enteras huyeron los indios,
tal los animales
que escapan, chillando, de las candeleras.

   A dos siglos escasos la indiada
cayó cara al suelo, sumisa;
negros formidables trajo la mesnada
que azotaba esclavos y ayudaba a misa.
Era la gente blanca,
era la gente brava
que traía a Cristo con una carlanca
y que diariamente lo crucificaba.
El rejo torcido y el cepo y la tranca…
Codicia borracha
de medro: y es de allí que arranca
forjada en lujuria, pavor y desgracia
la progenie…

IX

COMO  cucaracha

Se alzó de esa horrura la torpe oclocracia
Que clama en las plazas o bebe petróleo
 Y embadurna el bronce de la Democracia con
pintura al óleo…

Locuras, torpezas, desgracia
Hacer la luz con una tea
Y con kerosén la libertad.
La realidad a veces es muy fea
Pero es la realidad. Agustín, el pagano
Obispo y  gran Santo después, dijo la esencia del
derecho humano:
“la verdad es lo que es”.

     Todo tiende al germen de su ser primero
-por sobre los campos, por sobre los muros,
desde los palacios hasta el muladar-
hacia el matadero
vuelan los zamuros
¡déjalos volar!

     Y tú. Valencia mía cubil de machos y de    hembras

Que antes, alguna vez,
marcaron al Destino un hito,
si no cosechas es porque nop siembras:
que tu juventud fue la vejez
y tu silencio el grito.

     ¿De qué te quejas, tierra mía,
y a quién, en tus imprecaciones?
¡Que Venezuela apenas ya nacía
y portaba galones!
Si apenas echó a andar
Por el camino de sus ilusiones
Y ya marcaba el paso, el paso militar.

     No es la cuestión de espada
Ni la civil cuestión,
Los déspotas de toga o de macana,
De sable o de bastón…
Que lo que importa es la persona humana
Y en la persona, la Nación.

LA TRADICION
X

NERVIO valenciano, fibras de una raza

Que el zoospermo hispano ovulificó…
La tropera ebria folgaba en la plaza.
Fue una negra noche: Valencia cayó;
Y fue la añagaza
Del “baile de Boves”…
Todo el mundo huyó
Saltando alambradas y tapìas de adobes.
Ella se quedó, bella y altanera; al requerimiento
urgido y brutal, antes que acostarse con aquella
fiera se clavo un puñal.
Las cleopatras prenden áspides del pecho
Que un César vicioso, torpe, manoseó:
Ésta sacó el filo del arma, derecho,
Y hundiólo en el pecho que nadie tocó.

     Y tú eras Valencia
La rebelde, la fiera,
Con algo de demencia
Y mucho de pantera:
Tú eras esta tierra donde viste las luces,
Porque eras tú tu villa villa valenciana…
¡Se apagaron tus ojos andaluces al encenderse
la mañana!

     Villa rebelde y fiera,
Como te reverencio!
Que sabes suicidarte en primavera y morir
en silencio.

     Tu tapia derruída,
Tu corral a medio cercar
Tus callejones sin salida,
Tu Sierra que se asoma al mar.
Para el Lago van tus raudales
En lotes de escaso caudal,
O parte, furioso, el Cabriales
 rugiendo como un animal…

     Y tú, en calma, como tu río
Que apenas si marca el remanso
-tan lento, tan triste, tan frío;
con su andar tan manso
con su andar de anciano-
de súbito creces,
estiras los brazos, apuñas la mano,
gritas, livideces….
¡ y no queda tronco, ni roca, ni llano 

     Tus viejas que parecen brujas,
Tus niños con ojos de joya
--Ya rìas o llores o rujas—
tu  estampa es de Goya:
 “la maja vestida”
que oculta “la maja desnuda”
y que de la iglesia,  surge, a la salida:
sonrrie, saluda…
El sol se le mete en los ojos,
Y la bizarria
Con que marcha… Prendida a la espalda
La blanca mantilla; los labios tan rojos
Como  los claveles, como la peonía;
¡ y vuela el revuelo vuelo de la falda
porque va pasando toda Andalucía!
     Mi villa colonial que éres como éres,
Tu espíritu idolatro:
Has de permanecer en la memoria
De siglos por venir: y llevas cuatro!
Con el altivo andar de tus mujeres
Camina, ama, confía.
Más sólo en ti, de ti tan solo esperes;
Porque existe la gloria,
Y existe la alegría,
Que ya era tiempo de contar tu historia
Para quienes te ignoran todavía.

                        LA Anécdota
                                 XI


CRECISTE,  creciste, creciste:
De  la mozuela que fue chica,
De  la chiquilla que fue triste
Los vecinos rurales
Decían que era rica,
Que en veintidos mil reales
De vellón, pago título.

            Comienza tus anales
Y reza así el capítulo:
“Villa mediana de medianos medios
“y con gentes católicas;
“con muy feraces predios
“para sostén del Culto; indios ladinos
“reciben enseñanzas Apostólicas
“y componen caminos”…
Y más abajo agregan las mayólicas:
“muy pocos negros y los que hay, doctrinos”.

     Torre de calicantom presagiaba
los futuros santuarios parroquiales;
el progreso empezaba:
arroyo en laja algunos andurriales,
farolas en esquinas algo oscuras
y en la Plaza, de tarde,  se paseaba
una mano de curas.

     Un infeliz muchacho se percata
aquella madrugada,
que donde rompe el mar en Borburata
una caja muy grande está encallada…
Grita, se forma el corro,
Y cuando destapada,
Resulta ser la Vírgen del Socorro:
Era una imagen con la negra manta
De estrellitas de plata salpicada
¡ y la gente se espanta!
Vino a mi tierra desde el mar profundo
¡ no llegó equivocada!

     (Esta anécdota no consagró,
     aunque la dijo todo el mundo:
     sin duda fue un milagro.
     No soy yo quien lo niega).

     Quedó la Vírgen con su negro manto,
símbolo de un destino naufragado
¡ y ese tropel de lágrimas que riega
desde la linda cara en llanto  ¡
     Señora de un Socorro que no llega
Y en cuyo rostro existe
todo el dolor callado

de la Provincia Triste…
Señora del Socorro,
del socorro presente y del pasado!

     Por el naciente vigilaba el Morro
las cumbres que se alejan de su lado;
al ocaso incendiaba el Guacamaya
sol veraniego que retuesta el fruto;
y allá arriba solita,
en la falda que raya

con la fila de “el Puto”,
la Ermita.

             ¡Cuánta fé, cuánto amor,
cuánta agonía
en la pobreza digna del suburbio!
Qué penca de dolor,
qué tuna de alegría!
Y ese torrente turbio
aun corre todavía…

     Recuerdos, esperanzas, ambiciones…
La infancia, en fin! Iban los mocetones
desde  “La Flor de Mayo”
al Calvario, en los marzos ventarrones,
a remontar su papagayo.
¡Qué ingenuos y cuán rudas
las cucañas de esquina y su algazara
cuando el Domíngo de Resurrección
se iba a quemar un Judas…!
Y es que los judas eran cosa rara
 En esta población.

     No me mires así, vieja querida,                   
con tus ojos hóstiles.
Fui joven como tú, tuve una vida:
la jugué, la perdí…
Voy a hablar sólo de tus quince abriles,
de ti, sólo de ti.

     Despuntó pubertad la flor cerrada,
Adolescencia se cuajó en persona,
ya  ni “encamisonado” ni “sayona”,
ni  “el Carretón” y  “la descabezada”:
cuando el niño oyó, quedo,
la terrible conseja
mirando a los rincones de la sala,
aquel “cuento de miedo”
que le contaba aquella negra vieja:
el viejo cuento de “ la madre mala”.

     La niña enrojeció como mujer,
el arrapiezo ya llevaba estoque,
¡sermones  contra el lujo y el placer!
Estudiantes cabeza de alcornoque                
leían, escondidos, a Voltaire.
Los don Pacos, don Cosmes y  don Juanes
Discutían política
En el fondo de todos los zaguanes:
“era una idea mítica
darle el gobierno  a los pelafustanes”.
Hubo escándalos, versos con aliños,
Robos, incestos, muertes, conversiones…
“Las Cocuicitas” y “los Siete Niños”…
las cajitrancas procesiones;
la Novena en las Monjas Franciscanas;
un incendio, una boda, unos ladrones;
la casa pariendo por morochos;
y todas las mañanas
la Misa, el chocolate y los bizcochos.
La niña a la persiana;
El bochorno estival; la antigua quinta
Sobre el río; la tarde valenciana…
La vieja vecina que “se pinta”
Y pasa para el Triduo,
Y por ahí,  a la vuelta de la esquina
¡siempre “aquel individuo”
que le da mala espina!

     Una dulce idiotez, muy campechana.
Ausencias del marido…¡”la molienda”!
Esposas suspirando en la luna llena.
Entusiasmo infantil en la ventana
cuando el papá venía de la hacienda
a pasar Noche-Buena.
¡Oh tiempos de Valencia linajuda;
de vida fácil, de conciencia quieta!
El Señor Cura para toda duda
-sin caudillo ni líder ni profeta-
del buen dormir tras la tenaz faena…
Y acaso, con quitarra, algún poeta
a media noche desgarró la pena
de su pasión secreta…
El poeta gemía,
El poeta imploraba:
“un beso entre las alas de un suspiro”
y de una celosía
le espantaban un tiro.

     Surgían en la tibia madrugada
esos vagos rumores
del pájaro que inicia su jornada
sacudiendo el plumón entre las flores.
Tras la vigilia acerba,
la rosa en el rosal, desperezada
-Imperceptible ruido,
con que crece la yerba-
se acaricia el botón  humedecido…
En la distante placidez aldeana,
más allá del color y del sonido,
donde en jagüeyes “El Pozón” estanca,   
un tañer de campana
del Monte de la Acequia y de Agua Blanca.
El “angelus”, la diana”. Lento, lento…
traza su raya antigua
demarcando un paisaje soñoliento
con su regla de plata , el Tacarigua.

HISTORIA DE UN CRIMEN
XII

PASARON   los años,
Siguieron pasando;
-las “ encomiendas” o la Guipuzcoana,
huir de Aguirre por los aledaños,
¡leyendas viejas que se están cantando!-
Y Valencia asomada a la ventana
preguntaba : -Hasta cuándo?

Cirvculaban rumores muy extraños:
decían en Caracas que hace meses
al “sétimo Fernando”
le habían secuestrado los franceses
del Bonaparte hereje “ogro nefando”.

     Se indignaban los viejos
hacendados, el rábula, el “el mantuano”:
ellos representaban el Estado,
que España si existía, estaba lejos…
Fue el odio del Edipo americano
al español nativo
por sus tierras, sus onzas y sus rejos
¡no podía sufrirlo un pueblo altivo!
El pobre pueblo se quedó indeciso;
Mas, tras cabildeos y consejos,
a Emparáns despechado, asustadizo,
le quitaron el mando…
Un cura dicen y que un signo hizo
Ante la plebe que vociferaba:
Viva la Religión! Viva Fernando!
Y Valencia, esperando, preguntaba:
el más ruin, el más torpe, el más cobarde.
¿hasta cuándo?

     Fuiste realista: defendiste al Rey;
 tu nombre te obligaba;
y en tu fe y en tu ley,
a tu terrateniente que mandaba
la tropa de patriotas de peones de su hacienda,
viste correr gritando,
tras grostesca contienda
con la negrera que se desbandaba:
-Vicente están tirando!

     Y luego aquel mil ochocientos once:
la torva tempestad libertadora
sonó un toque de bronce:                                     
a los Guayos llegóse el Girondino

¡insigne y triste, desolado anciano!
vió ocupado el camino,
contramarchó apenado:
¡”que un pueblo cuando ignora su destin o
y se opone a su bien, está acabado”!

  
       Iba hacia la traición que le aguardaba
entre locos, y acaso un valenciano
en esa infamia triste
el desdichado sumergió la mano…
Y como Dios existe,
allí también ¡oh Genio del Futuro!
en un momento de aturdido alarde,
cometieron el acto más impuro,

     Todo cayó, todo fue obscuro
Y la crueldad no tuvo fin…
Huir… por las malas o por buenas
-gente mendaz, gente ruin,-
toda la infamia a manos llenas
“que se enfurece en el motín
o que se humilla en las cadenas”.

Y tú , Valencia y siempre tus excesos:
con tus dieciseis años de tormento,
de mujeres forzadas, de procesos,
sitios, saqueos y fusilamiento.
La Patria? Un sueño; la riqueza? Robos…
¡Para no ser menor en el portento
¡diste tres Carabobos!

     Surgió esa Patria en tu sabana. Existe
esa gran patria que ciño  los Andes
Y con tus prpias manos deshiciste:
Destruir, construir¡es obra de los grandes!

EL INMORTAL PECADO
XIII

UN DIA alargaste la mano
Al árbol del bien y del mal;
Comiste a saciarte sin respeto humano,
Ímpudica, loca, sensual…
Tu padre muriendo,  tremenda amargura,
Solo,  como es solo odo lo inmortal…
Asperos patricios,  soldados celosos
Gritaban, coléricos, contra esa locura;
Tus propias hermanas  te trataban mal:
Y con una suprema indecencia
Cometiste el sublime pecado:  el Original.
¡Mi loca Valencia!
Abriste los flancos propicia,
Cerrando los brazos amantes
Sobre el cuello hercúleo del hombre de Curpa…
Se echó calle abajo toda la malicia.
Contra aquel Centauro que viola y que usurpa
Irguióse uno sólo!  De los cabildantes…
Y ebria  del espasmo sentiste nacer,
En esa inconsciencia  de los delirantes,
Desde tus entrañas  ¡no importa que duela,
Para eso se quiere se es mujer!
El  germen bravío que era Venezuela
Y que ya más nunca podrá parecer.

        Pero unque me anguste contar tu pasado
No puedo, tampoco, sentirte infamar:
Toda tu familia vivió del pecado!
Tú a llorar tu falta… ella a censurar.
¿Quién te manda a tener esos senos
que la primavera prensa a reventar;
de cabellos de trigo esa mata,
y esa gracia atrevida al andar
del muslo ciñe tu lago de plata
en la falta verde del cañamelar?
        Nunca arrepentida de tu amor sincero
¿y por qué, Valencia, lo habías de estar?
La mujer es siempre, la madre es primero
Y las dos se juntan en dolor de amar.

         El caserón está don de sabemos,
Que allí el Centauro poseyó a su esclava
Entre letrados, mílites, curiales,
Mientras la Gran Colombia agonizaba…
“Yago, ¿qué has hecho?

Y quedaron las huellas indiciales
Sobre el revuelto lecho.

             CONTEMPORANEA
                         XIV

DE LA primera etapa,
Sólo como una mancha
De grasa,  se extendía sobre el mapa
La tierra nuestra generosa y ancha.
Era la idea absurda,
Vagas topografías,
Era la urdimbre burda
De la Colonia y sus autonomías.

        Pero llegaban voces, eran voces
Románticas: “los nuevos ideales”…
Unos forjaban leyes, otros tiraban coces:
¿dónde están los derechos nacionales?
¡cuantas leyes atroces!
¿quién se cogió los reales?
Y el dictador y sus dictatoriales,
¿no eran acaso los Libertadores?
   
        No: ¿libertaron qué? Tan sólo a puño
Y lanza poseyeron la heredad…
Ya  al  Otro le surgiera en la conciencia
El grito aquél  cuyo tremendo cuño
Estampó  cerca de la Eternidad:
“Dimos la independencia,
mas nó la libertad”.

         Y éstos, entre el prestigio
De  su hazaña lanza
A su suerte  de lance,
En el celoso  y áspero litigio,
Alzaron  la balanza,
Contaron los  centavos
A tres cuartos del siglo despertó su conciencia!
Darle la libertad a los esclavos,
¡a los esclavos de la Independencia!

       Trescientos años que el venezolano
Negro, hijo de su minas, engendraba, sumiso,
--con su yuca, su caña y su banano—
la prole del mulato manumiso…
--sembrar, comer, parir..—
y  cuando  el amo les soltó de mano
no se quisieron ir!

        Negro fiel,  negro leal,
¿cómo es que tu progenie, ya integrada
en la vida social
y que nunca sufrió  tu esclavitud,
trajo un sordo rencor de descastada
como única virtud?
El corazón a la verdad integro
Y la ponzoña arranco:
Ya no hay tal  “pobre negro”
Lo que hay es “pobre blanco”
          Los inmigrantes? Ojala que sigan
Llegando por torrentes
Que, digan lo que digan,
Son inmigradas todas nuestras gentes:
El  indio vino de otros Continentes
¿y el español, de dónde vino acaso,
con su Cristo, y su idioma, de improviso,
cuando sus velas incendió el ocaso?
Del  Congo, del Natal  y de Zanzibar
El ovario africano ¡Dios lo quiso!
Las fuentes de las razas son benditas:
¡el  primer inmigrante fue Bolívar!
En el crisol del barrio americano
Al fuego de los tròpicos, nacía
La  estirpe: sirios y afrosemitas,
Germanos, celtasm y anglosajones…

          ¡Oh sangres latinas,
oh arterias que corréis debajo
de mármoles sacros,
oh Reina, que en Siete Colinas
asientas el hacha y el tajo
de los Simulacros!
Italia! Italia! madre de naciones,
Sangres del Lacio que tu sangre acopia,
Sobre este vientre virgen tus varones
Vinieron a volcar la cornucopia
En piragua, en navío o en galeones
De trabajo, de amor y de energía.
¡Todo el caudal que vomitó el océano,
No es con la geografía,
Como se hacen naciones,
Es con semen humano.
Es fuerza ya decirlo
Claro, conciso, llano:
Y es menester oirlo:
Unos con ideal, otros por bajo mano,
Apenas se concilia
La idea genitriz porque pelearon
Con sus funestos “pactos de familia”…
¿Por qué nos separaron?
Se preguntaban los separatistas.
¿Por qué no se quedaron?
Mascullaban  los anticontinuistas.
¡Unión, unión! –clamaban los facciosos—
hace falta partidos!
Unos se iban al monte por partidas, capciosos
Otros, quedábamos escondidos.
        Y una buena  mañana
Contra el Tadeo preso
--tras un golpe de teatro
con  Valencia asomada a la ventana-
la plebe que por él mato el Congreso
un día veinticuatro,
ahora lo ultrajaba co silbidos,
con vociferaciones:
__¡La Patria se salvaba!… Por instantes
todos patriotas,  todos reunidos…
Clásica aclamación, a los alzados:
Guzmán, el viejo y sus demostraciones…
Fermín Toro y Quintero avergonzados
ante tantos patriotas del día antes…
abajo los ladrones!                                     
chillaban los robantes;
abajo los ladrones!
gemían los robados.

     Borrón y cuenta nueva ¡ lo fatal!
y ya para cerrar la Convención
que partió el tiempo en dos como uncuchillo,
la Guerra Federal
apareció vestida de amarillo

     Y otra vez la canción:
Haciendas incendiadas, pueblecitos en ruina,
como si no bastara  la sequía, el invierno…
En las ciudades la porfía,                                                       
y tras cada bochinche tumbaban un gobierno.
Se encrespó la energía;
Creció el torrente, con su turbia ola,                                  
batió un ribazó de calor de infierno
y se formó la gritería:
__ “¡Desembarcó Falcón en Palma Sola!”

     El Centauro proscrito, comom un rayo
signo otra vez el cielo:
vino  del mar y remontó a caballo
apenas tocó el suelo:
era el sultán que vuelve a su serrallo,
pero un sultán ya abuelo.

     Tovar armó la lanza del Yagual
y se fue a la deriva…
Senecto, Pedro Gual                                       
como una tigra bocarriba
como una vieja roca que escupe el temporal
__ ¡el  albácea del Libertador__
vió llegar aquel joven oficial:
__Está preso doctor.
Y él, supremo, glacial:
__ Tan joven, y traidor!

     Se anticipo la carujienta escena
__loca, torpe bestial,
que exhibe el sexo de una patria obscena__
Del hato de San Pablo
no marchó el Protector:
el Diablo-Dictador.

     Tomó la riña proporciones tales
que al cabo de cuatro años mal contados
no quedaron en pie sino animales
feroces, destrozándose a bocados.
El León anciano, empecinado,
que ya no puede porque ya no escucha…
El leopardo Ezequiel de las Barinas
entabló sólo la tremenda lucha…
Murió el Leopardo. El Mariscal,
cansado            de pasiones mezquinas…                                     
Y el león desmelenado,
con la garra amellada,
se marchó al fin, vencido.

Vió sus sabanas, enjugó la lanza
de Mucuritas ya tan oxidada;
su Sol de Carabobo oscurecido
¡ y sin honor ni gloria ni esperanza
fue a morir lejos como un león herido!

     Corrieron las neblinas
rojizas por la faz de Venezuela.
Se alzó el telón… las nuevas bambalinas…
y aquel que vino, que agrandó la escuela,
que al sucio altar le puso nuevos paños
__ la moneda que corre, el tren que vuela,__
engolada levita, aires extraños__
administró, robo, calzóse espuela,
se puso heroico y se quedó veinte años.

     Y mientras tanto, tú, villa preclara,
por haber cometido aquel exceso,
sigues pagando cada vez más cara
la locura fugaz del primer beso.

 

ADMONICION
XV

Los “ godos” se encerraron en sus casas
 o en sus fincas pilladas;
ocultos sus dineros si tenían…
y las gentes humildes, explotadas,
creyeron en un sueño…¡’no sabían!
      La ruina arruina como el mar carcome
El comejen devora cuanto come
Y ya no come más… ¡tánto es su empeño!,
Y los caudillos que con sangre hermana
Regaron la cruzada
De las federaciones,
Otra buena mañana
Pasaron a ser “gordos” con pensiones,
Prebendas, grados,  mando
Y “generales” por tablones…
      
         El troperito se quedó tropeando,
Y el “doctrinario” continuó escribiendo,
Y de aquel sacrificio, iban yantando
A todo vientre y con mascar tremendo;
Y de aquellos  procesos,
Se quedaron viviendo
Algún millar de ésos
Tartufos   doctos, aunque extraordinarios.

       Y arrepentidos, pero no confesos,
Más de medio millón de proletarios,
Que invadieron las arcas nacionales
En una desbanda enloquecida,
Para cogerse algunos cuatro reales
Y otros para vivir toda su vida.

        ¿Una “cruzada” más, otro convite,
otra convulsionaria algarabía?
¿La píldora en confite?
¡Ah, pobre tierra mía:
La historia se repite!

       Y tú, Valencia, que has sufrido tánto
Y que viste las cumbres desde abajo,
Deja que otros entonen ese canto
Y vuelve a tu trabajo.
Vuelve a tu fe, a tu industria , y que contemple
Tu reciedumbre el hombre del futuro:
Que tu acero es de temple,
Y tu coraje, duro.

        Tus ricos y tus pobres son hermanos
Aunque a veces se ignoren:
Y que piensen en ti, junten las manos
Y juntos luchen trabajen y oren.

         Te vengo a recordar el tiempo ido
Y tu vieja alegría:
El pájaro que canta desde el nido
Canta mejor cuando levanta el día.

       LA DE LOS TRISTES DESTINOS
                                XVI

CAPITAL, natural de los llanos
Clavada en el Centro
Con  tus propias manos,
Cuando tus jinetes de la tierra adentro,
Ya entrada las aguas,
Para los potreros arreaban ganados
Desde los Apures hasta las Aragua;
Cuando desde Nutrias, Acarigua, Ospino,
Gordo como un fraile
Venía el cochino
A poner el baile,
hozando en su marcha la batata amarga
¡el pobre cochino                                              
que a paso de carga
alegre trochaba por todo el camino,
tan entusiasmado,  gordo, lucio y sano
bajo el embrujado són de las maracas
como un provinciano 
va para Caracas!

     ¡Qué tiempos aquellos, cuando Matiítas
toreaba en la Plaza de la Candelaria,
 entre tántas  muchachas bonitas!

     Pasaban las tropas del labriego paria, 
lloraban mujeres desde las casitas,
___era esa quejumbre que cuaja en plegaria___
Bajo zamuradas de présago vuelo
Que husmeaban la fiebre, la llaga, el calambre
La ciudad callada e impasible el cielo.
Y volvió la guerra, la peste y el hambre.

     Como en la edad-media,
un cólera morbo te arrasó el poblado
el año cincuenta;
y apenas el pánico de aquella tragedia
no había pasado
cuando otra revienta…

     Se colmó el hospicio, se acabo la escuela;
las gentes morían por cientos y miles:
buba, paludismo… Luego la viruela
en la pausa entre dos guerras civiles.
…Una campanilla… las velas… el cura;
la silla de manos con sus trapos blancos;
y en los barrios pobres, pávidos, desiertos,
o por las calles o por los barrancos,
Tomacico, el Meón, blasfema y apura
desde su carreta de botar los muertos
en la sepultura.

     Refriegas nocturnas de asalto y de robo;
la  Sierra en revuelta;  los caciques presos
y alzado en los montes medio Carabobo.

Viejitas, mocitas, llorando en la esquina;
registro de casas, gendarmes, sabuesos.

 Arepas? No había y menos quinina.
Pasquines y anónimos de “abajo el gobierno”
¡eso no faltaba, ni la matachina,
porque eso era eterno!

     Y cuando al fin quiso Dios meter la mano
y sólo, muy lejos, allá por los Andes
y que se alzó uno que llaman Cipriano,
volvió cierta calma…

¡Viva el Mocho Hernández!
Y otra vez carreras y otra vez soldados
y otra vez prisiones.
 
     Sacaban la gente
de los hospitales a los batallones…
Vino una “creciente”…
mujeres gritando, niños aterrados
portones
cerrados…
y los mercachifles vendiendo aguardiente.

     Los perros de flacos estaban callados,
Pero en los aleros vestustos, mohosos, cimbrados,
súbita alegría,
los cucaracheros
contaban la gloria dorada del día.

     Nadie que trabaje, piense, cure o siembre;
nadie que dé nada, nadie que no pida.

     Y una tardecita lluviosa, en setiembre,
tras otra refriega sangrienta y reñida,
de  sordas descargas, de fuegos nutridos,
pasaron huyendo, locos, derrotados,
los que la otra tarde marcharan erguidos.

     Dispersos los vivos; los muertos dejados
ya casi podridos…
     Dos días después,
como un jeque árabe, en una camilla
que cuatro troperos cargaban a mano
los ojos negrísimos, la calva amarilla,
entró Don Cipriano…

     Iban en la marcha burros con enseres,
mulas militares con jefes barbudos;
una lenta recua cargando mujeres
y unos hombres hoscos y medio-desnudos.

VINDICACION
XVII

QUE la cuenta esté plena
y que haya sido todo como un sueño…
Mientras tánto  pintaba Michelena
y sentábase al piano Teresita Carreño.

     Pero el pincel de luz relampaguea,
aquel pincel que ennobleció una vida,
que entre el tropel de su “Pentesilea”
ya pensó en tí con su Amazona Herida:
la que cae en el ángulo: el encarne
de tu belleza que el guerrero inmola;
y una espina, una sola,
se le clava en la carne.

     Es la tuya , mi tierra de pintores
que pintan como cantan los jilgueros:
de poetas de ayer, de hoy y mañana,
de artistas olvidados y señeros:
el letrado con letras, la cuchilla que sana
___ lo que son, eso son, pero genuinos___
que tus varones fueron los primeros
en el bien o en el mal… Los asesinos
que asesinan tu historia desgraciada
y falsifican con fracción, enteros,
te hacen creer que no tuviste nada.

     Mira a tu alrededor, donde se acampa
la gente tuya, villa valenciana:
Montalbán, una estampa
melancólica en tierras que  dan trigo,
se queda aislada para estar consigo.
Bejuma, tan despierta y tan pausada,
ya entreabrió su postigo;
Miranda con su nombre consagrando
otro martirio, torna la mirada
hermana y triste porque esta esperando
a Nirgua secuestrada;
y en el fondo de un bosque verde y flavo,
sin más camino al mar que una hondonada,
pequeñito, Canoabo.

     Sobre las quietas aguas, el Castillo
de  San Felipe el Fuerte,
terror de la codicia aventurera,
asienta en rocas de tortura y muerte:
con su feroz rastrillo,
con su blanca escollera,
donde un Caribe de turquesas, toca;
que vió una vez arriarse al amarillo
y rojo del hispano empecinado:
con la lanza en la boca
un golpe de llaneros se echó a nado
y fue a clavar el cabo de sus lanzas
en las murallas de lo inexpugnable…

 

     Bahías de remotas esperanzas,
de la lucha tozuda e implacable:
el Bucanero, Aguirre, Borburata…
¡ y permaneces recatado y bello,
en una cursa de esmeraldas y plata,
viejo Puerto-Cabello!

     Yérguese en el fondo de ese Palotal
que alarga su recta, recta como un  tiro
y ocultó en sus faldas de fiebre mortal
recoge el suspiro
del hombre extenuado que escarba una tierra
cetrina y reseca ¡ tan cerca al raudal!

     ¡Oh la vieja Sierra
de los guerrilleros,
goda y federal!
y hacia donde trepan todos los senderos
que salen huyendo del camino real!

     Un canto de piedra merecen tus piedras,
y para ti arranco
con desnudas manos
áspera corona de cují y de yedras
de tu propio flanco,
que desde los llanos
es como un alerta su penacho blanco.

     Ya Guacara se asoma al valle entero,     
celosa por su origen,
y defiende atacada su granero
con ímpetu aborigen…
¡Qué orgía!, ¡oh, Gargantúa de linderos!
Güigüe, al ribazo próvido y lacustre,
siembra café, muele su caña, piensa
en sus rebaños del pastar palustre
y en sus engordes ganaderos,
¡y en el pedazo de heredad inmensa
que le robaron los cuatreros!

     Güigüe nomás? Si con su negra magia
el vecino rapaz de la otra aldea,
en una delirante geofagia
no tuvo fuero: mutiló el trazado
limite provincial: ¡un caricare
para comer despojos de pelea!

     Fue y devoró a Ocumare,                              
su litoral  y sus cacaotales,
cuanto pudo atrapar
en tierras, en café y en animales,
 cuanto germina, crece oda manteca
¡y buen camino por donde escapar!
¿El pretexto? que Aragua y que era enteca
y le hace falta el mar…

     Y así fue arrancando una por una
las prendas de vestir tus desnudeces:
se bebió tu laguna
y se comió tus peces;
y para que su hacienda se guardara
en arca propia y en su madriguera,
fue a la Boca del Río  a llenar su tapara
y se cogió, de paso, La Cabrera…

     Y tú esperando el día,
y ese día llegó; pero fue en vano;
que nadie se atrevía
a revisar lo que trazó el tirano…
¿Reclamar eso? __ se me dijo un día____
¡Cosas del inconforme valenciano!

     Prever es conservar… A tus miradas
está la trayectoria:
fueron asesinadas,
sin pena y sin rebozo,
tus hermanas: La Villa, La Victoria,
Ocumare del Tuy y Calabozo.

     Son cuatrocientos años
dentro de un fuero, dentro de una Ley
que respetaron propios y extraños;
y Carabobo invoca
de la herencia del rey
en la Republicana herencia
sólo lo que le toca:
lo que fue y es Provincia de Valencia.

      Y todos, sí, los chicos, los sin nombre,
las dehesas escuetas,
entre los ñaragatos y mastrantos,                      
en donde las carretas
desfondadas se pudren en la yerba
y en el barrial, el hombre
___ ¡lo que de humano apenas se conserva!_
Cuántos cayeron, cuántos
desde la esclavitud de las cunetas
hasta el ladrillo de los camposantos.

     Carabobo integral, mi Carabobo
y el tuyo, hermano, que  a vivir veniste,
desde el Belén remoto o el casal de El Retobo,
desde el último rancho que aún subsiste…
o de las playas donde Oriente, orienta
la selva Guayanesa que lo viste;
y el soberbio Orinoco que revienta
en la desolación del Golfo Triste
y escupe en Dragos la extranjera afrenta…
Y de la Isla Infeliz… ni aguas… ni minas,
sumergiendo sus bronces guaqueríes
para  absorber las lágrimas marinas
en el collar de perlas con que ríes…
     Ya siquiera del lado de los llanos
por el agro que agrieta la sequía
se marcharán los trágicos veranos:
el agua, al fin, que llega en su agonía!

     Desde la Cordillera de cristales
y los estribos de la Sierra Abuela
por cuyo flanco rugen los raudales
el andino condor otea y vuela,                 
divisando a lo lejos el magnífico
Lago de las venecias tropicales,
 bajo el signo de férreo jeroglífico
que chupa bienes y devuelve males
¡y es casi el pan de toda nuestra gente …!
No se dereche el fétido elemento,
Abono en oro, mientras no reviente
La espiga del sustento!

        Por la crispada jiba del Caribe,
Por donde va, pletórico, el “tanquero”
Por alli mismo el ojo lo apercibe:
Por allí mismo vino el Bucanero.

        Trajo  su Biblia y una Cruz
Y a Jesú-Cristo de artillero,
¿Versículo? ¡el desu arcabuz!
--Draque rezó días enteros
sobre es Biblia; y al trasluz,
iba contando sus dineros:
joyas del Divino Jesús
para Isabel y sus negreros
¿Ahora?… ya nos entendemos:
somos honestos y cristianos:
ustedes comprar, les vendemos…
--de paso les amenazamos
con ese “humor” y esa gracia
que tienen  los primo-hermanos--;
que nos hablan de Democracia
y después se lavan las manos.

        Contráigase un instante en un cerrado
Puño, la dignidad de Venezuela,
En mi tierra chiquita
--con su hospital, su cárcel y su escuela—
en este pedacito que han dejado
de la Patria de ayer,  donde aun palpita
su pobre corazón tan atrofiado.

       Ah, Patria, tú… la monja leyendaria
Que en una tarde se quedó dormida
Tras la ardiente plegaria
Oyendo cantar pájaros extraños…
Despertóse de pronto, sorprendida:
¡y han pasado cien años!

                 CONSUMMATUM EST
                             XVII

LO QUE ocurra después…yo no sé nada,
Y no quiero saberlo ¡oh, mi ciudad!
Nuestra Señora, Desamparada…
¡No lo quiero saber!
Mire correr tu sangre de la Séptima Espada…
Y gota a gota, y sin piedad!
Eso apenas fue ayer,
Y fue toda una edad.
      
       Lo dijo un día mi encendido acento,
Mi corazón lloró sobre escrito
Y estrangulé de risa m lamento:
¡era la hora en que debí decirlo!
Y más feliz que tú, lejos, proscrito,
No volveré a escribirlo.

        Tan sólo un voto te consagro, un voto,
Humilde. Muy humilde, y muy pensado
En el silencio ignoto;
Es voto de una vida, consagrado
Ante un Destino roto,
Desde un país helado
En donde no he vivido,
Solo y desesperado
Sino para sufrir lo que has sufrido,
Sino para callar lo que has callado,

        Descansa vieja gente en paz,
En paz aldeana,
Vuelve la faz
A la mañana
¡oh juventud eterna,
juventud valenciana,
que se pudre como agua de cisterna
la voluntat que no se afana!

           Esos hicieron lo que hacer pensaban en su tiempo,
con picos y con garras,
y duermen en la tierra que adoraron
bajo el reponso dual de las cigarras,
Te invocan en la nota gemebubda
de tus viejas quitarras.

        Esa nota profunda
en la música, sí y en las paletas
de tus grandes pintores;
y se estremecen todos tuspoetas
en esa luz con que tu cielo inunda
hasta los más humildes cundeamores.

          Descansa vieja gente en paz,
en tu paz valenciana;
y aprieta ¡oh, Juventud! el haz
de tu virtud venezolana.
Ya no corren indómitos,
los potros de los viejos guerrilleros.

          Colma los negros  vómitos
del asfalto barrancos y senderos:
se encienden luces. Se incorporan formas
de las más atrevidas geometrías;
las nuevas líneas rigen nuevas normas,
las nuevas normas rigen nuevos días.

         Con ímpetu pujante
aprende a reconstruir lo que derrumbas
¡adelante!  ¡adelante!
siempre “¡adelante por sobre las tumbas!”
 
           He despertado con mis versos rudos,
un torrente de odios… o de amores;
y como en la dantesca sinfonía
han pasado, desnudos,
sin pudor ni malicia,
a la divina claridad del día:
hombres, tiempos, dolores,
bajo un sol de  Justicia.

       Ya nevadas mis sienes
no estoy buscando gloria:
__si alguna tengo tú la tienes_
gloria que ultrajaría mi conciencia:
he buscado en la historia
y he encontrado a Valencia.

     Solamente he querido,
y te lo pido arrodillado,
anciano, preterido,
que me des el puñado
de esta tierra natal para mi olvido.

      Pero tú  nó. No pidas, nunca implores
con zalamera boca cortesana
lo que te deben las generaciones;
y a ingratos, menos… Que no son favores
los que compren a gente valenciana.

     De aquí salió esta Patria  que hoy es rica,
aquí echo su raíz la nación toda,
tu incansable energía multiplica
el fruto milagroso de una poda.

     Vuelve y mira a través de cuatrocientos
años de subsistir;
rechaza los inútiles portentos
que te ofrezca la mano interesada:
¡tú no puedes morir!

     Trabaja y sueña, que soñar es bueno;
trabaja y piensa, que pensar consuela.
No ames ni esperes lo que ya es ajeno,

Madre ers tú: pariste a Venezuela.